Mi estimado:
Cabe destacar que lo más probable es que esta carta no llegue a sus manos jamás, pero a pesar de todo, quiero darme el lujo de escribirle todas estas cosas que por tanto tiempo he silenciado. Sí, las he guardado en silencio, y usted se preguntará el por qué. Pues no iré con rodeos, ya se debe haber percatado de que últimamente digo las cosas de una vez, sin darle más vueltas al asunto. He callado tanto tiempo este sentimiento por una sencilla razón; cobardía. Sí señor, tenía demasiado miedo al rechazo, temía no ser correspondida, y prefería sufrir en silencio que a vista y paciencia de todo el mundo. Pero ya no, usted sabe que es concretamente lo que siento, se lo dije, quizás fue en un momento de exasperación y enojo, pero se lo dije, y eso es lo que vale. Y sabe? No me arrepiento, es más, estoy feliz que ahora lo sepa, para que deje de buscar otro tipo de ilógicas explicaciones a mi comportamiento, a mi forma de ser con usted, o a las palabras con que me dirigía a su persona. Me temo que a pesar de todo lo que le he dicho, usted aún no logra dimensionar esto a cabalidad. Acaso cree que mis sentimientos son un simple capricho? Cree que puedo olvidar todo esto de un día para otro? Perdoneme si lo que diré ahora le efende, pero YO NO SOY COMO USTED. Está equivocado si piensa que puedo pasar de mis sentimientos así como así. No, no y no. Yo no soy de aquellas que van cambiando de sentimientos así como cambian de ropa, cuando siento algo es de verdad, y creame, que esta vez es más real que nunca...
Pero... Qué saco con decirle todo esto?
Al fin y al cabo usted no se enterará de nada, y yo sigo siendo la cobarde siempre...
domingo, 7 de diciembre de 2008
La Carta que Jamás Recibirás...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)